jueves, 4 de enero de 2018

Capítulo 3 Cuidado Con Las Curvas 3


Gonzalo

 
Lo que estoy haciendo está mal, lo sé. Pero Teresa no me ha dejado opción.

Termino la llamada, asegurándole a la persona al otro lado que estaremos ahí el próximo domingo. Suspiro y froto mi cuello, mi padre siempre me enseñó que hay que tomar al toro por los cuernos, pues bueno, eso es lo que voy a hacer. Me cansé de esperar a que Teresa esté lista. Voy a dar el paso con o sin su permiso.

Pero sólo por si acaso, voy a planear algún contentillo por si se enoja mucho. Tomo una respiración profunda y sonrío mientras navego en la página donde voy a conseguir mi paz y salvo una vez que el domingo llegue. Cuando encuentro lo que quiero, hago todo lo requerido en línea para comprarlo y rezo a los cielos que estos diez días que faltan para ese domingo pasen rápido. Necesito quitar esa curita de una vez por todas, doy otra oración para que una vez la curita sea removida, no me encuentre con una tremenda herida y termine haciendo más daño que bien.

Abejita: Creo que el lavaplatos se averió.

Yo: No tienes lavaplatos.

Abejita: ¿En serio? Ahora comprendo por qué hay tanta losa sucia en la cocina.

Yo: ¿Ana no ha ido hoy?

Abejita: Llamó y dijo que seguía enferma. Estoy valiéndome por mí misma en estos momentos.

Yo: ¿Cómo está funcionando eso?

Abejita: He ahí el meollo de todo esto… NO ESTÁ FUNCIONANDO.

               Muero de hambre.

              Mi casa huele a todo menos a algo bueno.

Me río entre dientes imaginándola hecha un desastre y asustada de siquiera tomar una escoba. Tere realmente odia hacer el aseo, ni siquiera tiende su propia cama, cada vez que se lo señalo me responde:

—¿Cuál es el punto?, voy a volver a destenderla una vez me acueste a dormir. Para que perder valiosos minutos de mi preciado tiempo tendiendo una cama que en pocas horas volverá a estar como antes de tenderla.

Niego con mi cabeza y sonrío ante sus mensajes.

 Yo: No podré salir hasta las seis. Algo de quehacer no te hará daño.

Abejita: ¿Qué parte de “NO ESTA FUNCIONANDO” no entiendes? Incluso lo escribí en mayúscula, dos veces.

Me río de nuevo y le envío un emoticón “rondando los ojos”, ella responde con la manito y el dedo medio hacia arriba.

Yo: Abejita, no puedo ir y ayudarte en estos momentos, tengo algunas cosas que no pueden esperar.

Abejita: ¿Cuántos días lleva ese pedazo de pastel en la nevera?

                La fecha de vencimiento de la leche es hoy, no huele feo ¿si bebo un poco de ella, moriré?

Jesús, olvidé revisar su nevera ayer en la noche.

Yo: Arroja a la basura todo el contenido de tu nevera. Saldré de aquí y te recogeré para que vayamos a comprar los víveres.

Abejita: ¡Pero muero de hambre!

              Ya lo tengo, iré a esperarte donde Manu. Ella mencionó que prepararía albóndigas hoy.

Yo: Deberías dejar de comerte la cena de mi primo. No los incomodes, sus cenas en pareja son eso… EN PAREJA.

Abejita: Primero fue lunes que martes, así que primero voy yo y después tu primo. Te espero donde Manu. Te quiero.

Me froto la parte trasera del cuello, recostándome en la silla. No me agrada mucho que Tere se presente sin avisar en casa de Manuela y David, sí, ellos jamás se molestan cuando alguno de nosotros va de visita, pero sé que David y Manu están en una fase en estos momentos, algo sobre “avivar el fuego y que el frijolito cuaje”. Realmente no pedí más explicación a mi primo sobre por qué salía temprano del trabajo ni por qué corría como alma que lleva el diablo hacia la salida del edificio.

Pensando en lo que probablemente Teresa estará interrumpiendo en casa de mi primo, me apresuro a terminar mi trabajo para llegar pronto por ella.

 
***


—Lo siento primo —murmuro una vez que las chicas caminan hacia la cocina. David se vuelve hacia mí con una sonrisa.

—No te preocupes, Gonzalo, la noche es joven y a Manu le encanta tener más invitados para la cena.

—Sí, pero ¿No dijiste algo sobre avivar la llama y…

Mi primo suelta un suspiro, la sonrisa fácil de hace un momento se pierde y noto como su cuerpo se pone rígido.

—Nunca he hablado de esto y sabes que no me gusta hablar sobre lo que pasa en el dormitorio con nadie, pero, para ninguno de nuestros amigos y familia es un secreto que Manu y yo queremos un bebé. —David frota sus ojos y noto, desde mi lugar, el cansancio y la ansiedad en sus ojos—. Hace poco estuvimos en el médico y aunque todo en nosotros está bien, simplemente no pasa. Manu no logra quedar embarazada y eso está afectándonos, a ambos.

—Si todo está bien, eventualmente pasará. No todas las parejas logran embarazarse en los primeros intentos —ofrezco, tratando de darle un poco de apoyo a mi primo.

—Esa es la cosa, Gonzalo, hace meses que pasamos los primeros intentos. Manu dejó de planificar hace más de un año, nos hicieron pruebas de fertilidad y estamos bien, todo funciona correctamente.

—Bueno, tal vez no es el momento…

—Manu descargó una aplicación para poder saber en qué días es más fértil y en cuáles no. Se supone que hoy es uno de los días en los que hay una buena probabilidad de que se pueda dar.

—Mierda, y nosotros aquí retrasándolos.

—Gonzalo —El bajo tono de voz de mi primo me alerta de que algo va mal—, realmente me alegro de que tu impertinente novia haya venido. Yo… —La mirada de David barre toda la sala y se precipitan hacia la cocina, escucho a Tere y a Manu reír, David también lo hace y una mueca de pena se dibuja en su rostro—. No puedo hacerlo, no puedo hacerle el amor a mi esposa sin sentir una presión en mi espalda. No puedo concentrarme en disfrutar de ése momentos juntos sin presionarme a mí mismo de lograr embarazarla por una maldita vez. Odio que el sexo con mi esposa se haya convertido en una carga, en una obligación —gruñe y deja caer su rostro en sus manos, que se apoyan en sus rodillas—. Cada vez que la maldita prueba sale negativa una parte de mí se da por vencido. No sé hasta donde resistiré ver a Manu derrumbarse al ver que en el maldito aparato no aparecen dos barras, un signo de más o una jodida carita feliz.

—No sé qué decir. —Realmente no lo sé. Jamás he estado en una situación parecida.

Tere y yo no hemos hablado de tener hijos, estoy seguro de que ella no quiere ¿y yo?, la verdad ver a mi primo así me hace replantearme el intentarlo. No quiero imaginar como el sexo con mi abejita podría convertirse en una obligación. Ni siquiera concibo la idea de no estar con ella. Como diría mi madre, si tuviera conocimiento sobre la actividad sexual que ocurre en mi casa, o en la de Tere, o en el hotel que nos gusta frecuentar o… en fin, mi madre diría que parecemos conejos.

—No te preocupes, primo. El sólo hecho de escucharme derramando mis tripas y no juzgarme por ello es más que suficiente.

—¿Sabe Manuela como te sientes?

—No, y no sé qué sucedería si se entera. Honestamente ya no sé si quiero intentarlo, son demasiadas desilusiones seguidas… —resopla y se ríe sin humor—. Me escucho como un marica, pero el sexo está empezando a cansarme.

—Guau, eso… es bastante fuerte.

Suspira y se recuesta contra el respaldo del asiento. —Lo sé, yo mismo me sorprendo sobre lo que estoy empezando a sentir y pensar. Estamos jodidos, primo. Amo a mi esposa, ella es mi maldita vida entera, pero esto está agotándome, física y mentalmente.

—Bueno…

—¡La cena está lista! —La voz de Manu se escucha bastante alegre desde la cocina. Pronto, su sonriente y alegre rostro aparece—, vamos que se enfría.

David y yo compartimos una mirada, me permito mostrarle un poco de empatía por su situación, corresponde mi gesto con una sonrisa y me palmea la espalda mientras vamos al comedor.

La cena es un tanto incómoda. Manu es toda alegría y sonrisas mientras que mi primo luce cansado y distraído. Puedo notar que Tere se percata de ellos, le envía varias miradas fuertes a David y sólo puedo imaginar lo que estará pensando.

Una vez finalizada la cena, nos permitimos quedarnos (a petición de ambos) por un rato más. Ayudo a Manu con los platos, ya que ella odia que Tere lo haga y rompa (como siempre) los platos de su vajilla. Mientras dejo los platos limpios en su gaveta, escucho el suave suspiro de Manu y veo la forma en la que se aferra del mesón de la cocina.

—¿Manu?

—Estoy bien —susurra. Deja caer su cabeza hacia adelante y la luz se ve reflejada en las dos lágrimas que caen de sus ojos y trata de ocultar—. Sólo estoy cansada, creo que me he excedido con el trabajo y luego con la cena. —Limpia discretamente sus mejillas y vuelve a dibujar una sonrisa. Una sonrisa ensayada que estoy empezando a notar cada vez más en ella—. Gracias por venir y por ayudarme.

—Por nada, Manu. Siempre será un gusto verte a ti, a mi primo no tanto. No es tan deslumbrante como tú —intento bromear y al menos gano una pequeña risa real de ella. Suspira y cuadra sus hombros.

—Y tú eres el primo más increíble que cualquiera pudiera tener —dice y extiende sus brazos para estrecharme en ellos. Me rio cuando hace el intento de sofocarme.

—Todo estará bien.

Me mira, sus ojos volviéndose a nublar con lágrimas. Aclara su garganta y con una sonrisa, murmura:

—Lo estará.

***

 
—¿Quieres tener hijos? —La cabeza de teresa, que reposa tranquilamente en mi hombro mientras nuestros cuerpos descansan en la cama, se levanta bruscamente para mirarme.

—¿Qué?, ¿por qué carajos preguntas eso?

—Nunca hemos tocado el tema, abejita, y luego de ver a Manu y David y sus ganas de tener un bebé, quiero saber si tú deseas…

—No —gruñe, antes de que termine mi frase—. Por supuesto, que no. Nunca. No, niños para mí, de ninguna manera posible.

Guau, qué rotundidad. Me impresiona la manera en la que reacciona a una pregunta como esa y su feroz respuesta. El tema no se había tocado directamente nunca, y sospechaba que no estuviera interesada en ello; pero su postura tensa, su repentino enojo y la forma en la que se refiere a ser madre, me deja un poco conmocionado.

—¿En serio? ¿nunca?, ¿no te gustaría ser madre algún día, tener a mis hijos y esas cosas?

—¡Carajos, No! —Si es posible, su ceño se profundiza mucho más. Se aleja totalmente de mi cuerpo, incorporándose en su cama—. No, Gonzalo, no quiero niños. Ni los tuyos ni los de nadie. No quiero ser madre y esas cosas. Estoy muy bien, así como soy, y no necesito a un chiquillo en mi barriga por nueve meses, experimentar el más puto dolor cuando nazca y ser unida a mi culo, para luego luchar con ese niño toda mi vida y rezar a Dios que no sea un delincuente o un mal para la sociedad, y todo por sentirme realizada. —Sacude su cabeza como si la idea de un hijo fuera inconcebible—. No, no y no.

—Vaya, eso de ser unida a tu… es una imagen muy interesante para digerir —bromeo, pero eso no funciona.

—Espero que tú no estés pensando en llenarme la barriga de huesos, por que estás apuntando fuera del traste.

—Vale, lo entiendo —Levanto mis manos rindiéndome antes de siquiera dar algún argumento, no servirá de nada—. No volveré a tocar el tema, al parecer es un punto sensible para ti.

—¡No es un punto sensible! —gruñe—. Simplemente no quiero hijos. Eso es todo y no estoy pecando por cerrar mi útero antes de ser inaugurado siquiera.

—Abejita, está bien. No te enojes.

—No estoy molesta. Es sólo que pensé que tú tampoco querías hijos.

—Bueno, no, no lo sé. —Mis palabras hacen que su rostro se contraiga y vuelva a estallar.

—¿Cómo que no lo sabes?, o se quiere o no se quiere, es así de simple. Y será mejor que no los quieras, porque yo no voy a tener hijos, ya te lo dije.

—¡Bien! No los quiero, ¿feliz? —intento no gruñir de frustración, pero lo hago y eso hace que mi abejita se muestre herida.

—No puede ser —susurra y sus ojos se llenan de lágrimas—, sí los quieres. Oh Gonzalo, no. Yo no quiero ser madre.

—No quiero hijos, cariño. Ven aquí —Muerde su labio, apesadumbrada y contrariada—. Abejita, por favor, no te mates la cabeza con el tema. Ya está, no tendremos hijos, podemos encargar más gatos y listo. —Me rio, pero ella no lo hace, le tiendo mi mano y nuevamente le pido que se acerque a mí.

—Tengo calor —murmura, buscando sus zapatos bajo la cama—. Iré a sentarme un momento al balcón, sola.

Se aleja, antes de que pueda decir algo más. Me dejo caer de espaldas en la cama y paso mis manos por mi rostro, maldiciéndome por siquiera tocar el tema. Aunque no ignoro el escozor que aún siento por la negativa actitud de Teresa.

David tiene razón, esto de los bebés es demasiado complicado, ni siquiera lo estamos intentando y ya nos hemos peleado por ello.

2 comentarios:

  1. Se que no Todo es color de Rosa en la vida pero seria muy triste si Manu y David se separan :(... Besos!!! Y gracias por publicar

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  2. no encuentro el capitulo 1 y 2 abuuu

    ResponderEliminar

Muchas gracias por visitar mi blog y tomarse el tiempo de leer mis historias. Besos!

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